Desde hace varias semanas vengo leyendo a través de las redes sociales cómo algunas mamás cuestionan o manifiestan el que a sus hijos no les harán creer en el Viejito Pascuero, que la Navidad es solo consumismo y que no les regalarán nada a sus hijos y que ese día no lo celebrarán tampoco. Y está bien, todas tenemos derecho a enseñar y criar a nuestros hijos como mejor lo creemos, pero en este tema, en particular, creo que estoy de acuerdo con ellas en no estar de acuerdo, “agree to disagree”, pronunciarían los ingleses cuando no están a favor de una idea pero la respetan.

¿Por qué no estoy de acuerdo? Por que creo que el pensamiento mágico que los niños tienen, solo en su primera infancia y por un tiempo muy, muy limitado, es el que les da herramientas para desarrollar su creatividad, para aprender a imaginar, para ensoñar un mundo de fantasía que contrasta en todo sentido con el mundo real y que le permite ir de a poco avanzando en el difícil camino de convertirse en adultos.

El pensamiento mágico ha demostrado ser una excelente forma también de presentarles el mundo a los niños, para que puedan crecer tranquilos, contenidos y con mayor capacidad de autorregulación al sentir que viven en un mundo donde existen personajes increíbles como el Viejito Pascuero, el Conejo de Pascua o el Ratón de los Dientes, asimismo, ven el mundo como un lugar maravilloso y las ganas por explorarlo, por descubrirlo, fomenta en ellos su inteligencia y personalidad.

Por eso, mis hijos creen y ojalá puedan creer por mucho tiempo en el Viejito Pascuero, de la forma en que nosotros, sus papás les estamos enseñando, donde no hay consumismo de por medio, donde no hay un engaño o un ivento de cierta bebida que le puso cara y color a este personaje. Nada de eso importa cuando somos parte de una sociedad de la cual tú tomas lo que te sirve, lo que te acomoda y lo adaptas a tu crianza, de eso se trata la mejor manera de criar.

De igual manera, pienso que es un tremendo beneficio para sus vidas el que crean y por último, con esto además honro y agradezco a mis papás por haberme permitido a mí creer también, porque sin todo este conjunto de fantasias y realidad mágica, no sería quien soy hoy. Así es, mi pensamiento mágico aún está vivo y me hace inmensamente feliz de que aún pueda estar ahí.

Este artículo fue publicado originalmente en la sección de Tendencias x Nosotras donde soy columnista en el diario Hoy x Hoy.