Hace dos semanas, mi postura era como “cuarentena, ven a mí”. Cuentas de Instagram con miles de recetas de cocina, actividades para los niños, manualidades para mi, sacando organizadores de horarios y rutinas, armándome una rutina yo con mi nueva realidad de teletrabajo, imprimiendo guías enviadas por el colegio de mis hijos y sentándonos todos a trabajar por las tardes, hasta el gato colaboraba en todo este nuevo orden del hogar portándose bien y no rompiendo el florero de turno.

Y llegó la semana dos. Ya ese lunes, no quise levantarme a las 8 ni a las 9, me quedé esperando el recuento diario tipo computo oficial del Gobierno y viendo los matinales porque al parecer necesitaba un poco de pánico en mi mente. Siendo casi las 12 me di cuenta de que tenía aún a niños en pijama, yo en pijama, nada hecho en la casa, cero
almuerzo y para qué hablar de trabajo. Y así el resto del día se fue haciendo caos, mal genio de mi parte y creo que ese día terminé de trabajar a las 3 am. Para qué hablar de la hora en la que se durmieron mis dos herederos.

Luego, no sé, viene una nebulosa de días pegados, de horas que no avanzan o avanzan demasiado rápido cuando se trata de entregar trabajos o proyectos del día. Mi capacidad de concentración no sé, ha aumentado increíblemente en los momentos límites con dos niños corriendo en un espacio de 2×2 que lo logran igual hacer y los gritos son parte de su necesaria liberación de energía.

¿Que si les grito? Claro, pero ya no a un volumen heavy metal como los primeros días, ahora es más como un hablar fuerte y claro… mientras me repito una suerte de mantra diario “Si yo grito, todos gritan”. Y sí, me ha funcionado, no al 100% pero seamos honestos…¿Qué está funcionando hoy al 100%?

Ya vamos por una nueva semana de cuarentena, hoy pese a mi rebeldía, o lo que me va quedando de ella, por no hacerme tantas rutinas, he descubierto con horror que en algo ayudan. Me estoy levantando más temprano, hago ejercicio sagradamente sola todos los días y luego canso a los niños con algún baile o rutina de ejercicios de esas de los años ochentas que encuentro en YouTube. Los hago jugar apagando la tv y prendiéndola cuando se hace realmente necesario, así al menos gastan energía o pelean y al menos los escucho.

Hacemos tareas cuando se puede, generalmente el día de la entrega…porque tengo que priorizar mi trabajo, suena extraño ponerlo en palabras pero sin trabajo mis hijos ni educación podrán tener, entonces, acá es como el dilema, ¿qué viene primero; el huevo o la gallina? Y me respondo, la gallina mamá tiene que trabajar, mantener la cordura y llevar la casa, mis pequeños huevitos acá van a sobrevivir…todos lo haremos.