“Estás muy embarazada pues!” Con esta frase, considerablemente parecida a la que escuché hace dos años y un embarazo atrás, mi doctor me confirmó que estaba embarazada de mi segundo hijo.

Desde que supimos que se venía tooodo de nuevo, a fines de abril, han pasado 14 semanas, un período por un lado muy lindo y por otro, una etapa donde todo control sobre ciertas cosas se ha ido al carajo, por ejemplo, el sentirse pésimo, yo pensé que con este nuevo embarazo me sentiría mejor, error, me sentí, el primer trimestre, peor que con mi primer hijo. Dormir? JA! desde antes de hacerme el test (recomiendo el Clear Blue que me lo tomé 2 días antes de la regla que supuestamente tendría porque ya me sentía embarazada y quería salir de dudas) ya no dormí más de 4 horas y bienvenidas las levantadas al baño a mitad de la noche!

Para qué ahondar en las náuseas y las ganas de vomitar, se hicieron presentes con tanta fuerza que por primera vez acepté tomar el “Plureamin” que con Julián me negué a tomar para no echarle al cuerpo ojalá ningún remedio. Y bueno, al menos ayudó a poder estar sentada en mi puesto de trabajo y no frente a la taza del baño, así que thankyou drugs.

Pero creo que lo más difícil de todo ha sido el reposo, comenzó en la semana 8, luego pude volver a trabajar por dos semanas y luego vuelta a hacer más cama. Al menos hoy, con 14 semanas, ya me puedo levantar a ratos, sin salir de la casa y “tomándome las cosas con calma”. (Frase que odio con todo mi ser por lo demás)

Y lo más irónico de esta situación es el que se llame “reposo” porque puedo afirmar como que me llamo Dani que de reposo esto de tener que guardarse por el baby no tiene NADA. Es más bien un no reposo, una constante incertidumbre que te agobia de pensar que en cualquier momento chao guagua, de que una vida depende completamente de ti pero que aún así no puedes mandar a tu útero a que se porte bien, a que cobije a este mini humano y que deje de joder.

Este reposo ha sido sin duda el desafío más grande, porque ya sé bien de qué se trata tener un hijo pero aún así es todo un limbo y un momento de decirle adiosito a muchas cosas que quizás en su momento fueron importantes, pero que hoy pasan a segundo plano por el bien mayor que es el gordit@ que viene en camino.

Afortunadamente, los días pasan y me toca ir a una de las tantas ecografías que he tenido que hacerme y ahí está la guagua, moviéndose feliz, patitas, manitos, cabeza, todo bien, creciendo y esperando a que pasen los meses para llegar a mis brazos, los de su papá y los de su hermano. Ya, cuando nazca, si es niñita, le contaré cómo fue que su madre la cuidó desde antes de que naciera para que no se ande portando mal y si es niñito, le sacaré en cara eso cada vez que se le ocurra andar invitando a salir a mujerzuelas.