Muchas veces cuando tenemos que definirnos como mamás decimos que somos “multitasking” y eso es considerado una tremenda habilidad, tanto para nosotras como para nuestro entorno, de hecho se aprecia esa cualidad en el trabajo también. Sin embargo, el estar constantemente atendiendo todo y a todos nos agota, nos deja al final del día con la mente y el cuerpo en estado de total cansancio.

Para ejemplificar aún mejor esta realidad multitasking y cómo nos va afectando, les cuento que un estudio publicado en el American Sociological Review encontró que las mamás son en extremo mucho más multitasking que los padres, independientemente del tipo de trabajo que realicen, esto porque las mamás investigadas pasaban un promedio de 10 horas más realizando multitasking que los padres de un mismo grupo familiar.

Las tareas que involucraban el multitasking del estudio fueron en su mayoría tareas del hogar v/s preocuparse de todo lo concerniente a los hijos.

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¿El gran problema con esto de ser multitasking? ¿Adivinen? Sí, adivinaron bien: el juicio que recibimos las madres si no lo somos, si no somos las super mamás que estamos haciendo todo y de todo y más encima, haciéndolo bien, porque obvio, se espera que lo hagamos siempre BIEN. Esto porque en general, una gran parte de nuestras tareas diarias son “visibles para otros” y tendemos a no pedir ayuda porque si lo hacemos, significa que dejamos de ser multitasking y eso tampoco está bien visto a nivel social.

Por eso, diversos estudios apuntan a volver a la “monofuncionalidad”, a poder volver a dedicarnos en diversos momentos del día a una sola tarea, a tratar de balancear todo lo que debemos hacer en el día pero aprendiendo a repartir tareas si es que se puede, a contar más con el “equipo” que puede ser desde tu marido hasta los abuelos por ejemplo, y así, simplemente, tratar de dejar de tratar siempre de hacer todo.

¿Y qué podemos hacer de forma monofuncional? ¡MUCHO! No se trata de acciones complejas, son cosas o situaciones simples, como jugar con tus hijos por un rato sin tener el teléfono al lado, sin distraerte por un mensaje, por trámites por realizar o por tus redes sociales por ejemplo.

Cosas así harán que esa acción, dedicar un tiempo pleno al juego, desarrollar atención plena, la base del mindfulness, nos llevará a una experiencia que en la suma de practicarla todos los días, logrará significativos recuerdos y la sensación en ti como mamá de que no estás “al debe” como tantas veces nos sentimos y que efectivamente, al realizar una sola acción, tuviste un resultado reconfortante, dedicaste un tiempo absoluto y pleno a tus hijos.

Vamos entonces por la “monofuncionalidad”.