Pareciera que mientras más avanzamos hacia una sociedad moderna, más se nos pide como mujeres y madres. Se ha ido imponiendo una suerte de “rol” que debe cumplir la figura de la mujer, donde por definición, si es madre, entonces debe ser multifacética… ser súper mamá, súper mujer, andar arreglada, flaca, bien vestida, tener una vida social y sexual activas, ser exitosas laboralmente y andar con “la cara llena de risa” ¿Te suena?

Junto con esto una de las quejas más comunes por parte de nuestro género es el de que las parejas cuando están presentes en la casa no ayudan mucho y terminan siendo “el otro hijo”, esto último si bien con el paso del tiempo y la modernidad ha ido disminuyendo, siempre nos quedan algunas cosas en el tintero que se perpetúan (en más o menos cantidad dependiendo de la casa, obviamente)

Pero lo que me pregunto es ¿Cuánto de responsabilidad tiene nuestro género femenino chiquillas?… con una mano el corazón… Si cuando alego que quiero que me ayude, okay, me ayuda, pero lo reto porque no lo hizo como yo quería que lo hiciera. Si le pedí que cuidara a los niños pero cuando llego está todo patas pa’ arriba y en vez de pedir de una manera adulta que se haga cargo de ello me pongo a sermonear de que está todo desordenado y termino ordenando yo… Con la mano en el corazón y la otra en la tacita de café… ¿De quién es la culpa? ¿Qué viene primero? ¿El huevo o la gallina?

El problema es que muchas veces no es sólo que la alguna vez llamada “media naranja” sea desordenada o que no se dedique mucho a las cosas de la casa, sino que también hay que reconocer que cuando tenemos que pedir ayuda tampoco colaboramos en que el otro ayude como le nazca o simplemente a su manera. Estamos muchas veces tan encerradas en lo que nosotras queremos que se haga que no siempre damos la oportunidad al otro de aprender cómo ayudarnos. Y esa es la clave.

Como ya es tradicional en este espacio, revisemos algunos 1, 2, 3 de qué podemos hacer para mejorar este aspecto y no seguir “cavando nuestra propia tumba”, entendiendo que lo más importante en todo esto es el aprender a delegar y darnos cuenta de que NO PODEMOS hacerlo todo.

5 tips para aprender a delegar y soltar en la maternidad

1. Aprender a pedir ayuda. Dárselas de super woman la verdad es que a nosotras no nos sirve y al final del día como que tampoco a nadie le importa si lo somos o no. Deberíamos empezar a soltarnos, a reírnos, pasarlo bien, relajarnos y a gozar con los errores también.

2. Disfrutar el error. Hoy en día andamos al 100% con todo, y como que terminamos muchas veces no disfrutando ni el buen resultado ni el malo. Sólo corremos. Bueno te invito a pensar al final de tu día qué hiciste, si hubo algún logro que te tenga satisfecha, regalonearte, comerte un cuadro de chocolate, tomarte una copita de vino mientras los niños duermen, un baño de tina, lo que te haga feliz. Y si tienes algún error que pasó en tu día, bueno, reírte y aprender de él y regalonearte igual jiji.

3. Si quiero que me ayude, lo digo. Que nosotras seamos secas en saber qué es lo que piensan los otros, no significa que el otro también lo sea. Por lo tanto debemos pedirle a nuestra pareja de forma textual y literal: “Ayúdame por favor en esto”.

Si quiero algún resultado específico también decirlo para que el otro no tenga que dárselas de mago adivinador a lo Harry Potter y adivinar qué queremos. Para evitar eso digamos: “Necesito ayuda en esto, y quiero que quede así”.

4. Dar la oportunidad de aprender y aceptar el resultado. Ya, acá viene la difícil, asumámoslo. Darle la oportunidad al otro de que haga lo que pedí porque necesito ayuda es fundamental. No corregir ni enojarse si no resultó como uno quería. Mal que mal… no todos hacen las mismas cosas igual ¿y quién sabe? En una de esas encontramos formas más prácticas de hacer las mismas cosas que hacíamos antes.

5. Delegar responsabilidades.
Tenemos que aprender que también otros pueden hacer la pega igual o mejor que nosotras mismas. Y para eso debemos delegar responsabilidades y soltar. En la medida en que también seamos capaces de dividirnos equitativamente las tareas de la casa podremos mejorar nuestra propia calidad de vida y ser más felices.

¿Qué te parece, será posible?, ¿Tienes otras estrategias? Te invito a dejarnos tus comentarios.

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Por Fabiola Orellana
Psicóloga Infanto Juvenil.