La mamá que trabaja, que está en la casa, que no trabaja, que trabaja freelance, que se angustia porque pronto se acabará su post natal y no quiere por nada del mundo dejar a su hijo que considera que quedará solo y que nadie más podrá cuidarlo como solo ella sabe hacerlo. La mamá que vuelve feliz a trabajar porque lo necesita, porque quiere volver a sentirse útil para la sociedad y para ella misma, porque le gusta trabajar pero siente culpa y ni se atrevería a gritarlo a los cuatro vientos. La mamá que odia con su alma cada segundo que pasa en el trabajo y que lo pasa pésimo porque lo que más quisiera es no perderse nada de sus hijos, que piensa y se angustia viendo fotos o posteos en redes sociales sobre los beneficios de quedarse con el niño en casa, de estar en todas y no sentir culpa, tanta, tanta culpa.

Todas y cada una de esos tipos de mamás hemos sido alguna vez, porque ser madre y trabajar es la ecuación más compleja de todas, es como querer hacer todo pero teniendo claro que eso es un imposible, es frustrarse y a la vez alegrarse inmensamente porque gracias a tu trabajo tus hijos están bien…pero luego te invade la culpa y te comienzas a preguntar; pero en qué están bien? Si yo no estoy nunca? Y todo vuelve a cero.

Pero luego algo pasa y mágicamente las piezas de la conciliación vuelven a tener sentido, lamentablemente, en Chile, esa experiencia es personal y absolutamente de cada mamá que trabaja o que decide cómo trabajar, si en su casa, desde su casa o criando. Cualquier alternativa es muy muy válida, pero no tenemos un sistema que regule la conciliación trabajo/familia/maternidad, no existe bajo lineamientos claro y queda sujeto a la experiencia de cada una.

Por lo mismo, compararnos en nuestras realidades de trabajo es, creo, el peor ejercicio que podemos hacer. Yo he estado en esa vereda, y no, no es una buena vereda, les cuento. Quizás por todo lo aprendido en todas las modalidades de trabajo que he tomado siendo mamá de dos niños es tratar de trabajar con un propósito dividido en dimensiones; una familiar, una personal y otra profesional. Luego, de forma muy consciente, en los ratos que tengo con ellos, mis niños, son eso, sus ratos, sus momentos y aunque me encantaría poder estar 24/ 7 con ellos, sé muy bien que: me volvería loca, me gusta trabajar y a ellos les gusta ver que su mamá trabaja. Y con eso, ya trato de no darles tantas vueltas al asunto y solo espero que algún día puedan existir leyes y beneficios para mamás trabajando. Es necesario, es fundamental para seguir creciendo en todo ámbito, en todo futuro.

Este artículo fue publicado originalmente en la sección de Tendencias x Nosotras donde soy columnista en el diario Hoy x Hoy.