Sonará extraño y hasta paradójico que yo, madre de una niña de dos años esté realizando una encendida defensa de la etapa en la que está ella por entrar, una que por lo demás ya vivimos en familia junto a nuestro primer hijo y por lo mismo, hablamos desde el conocimiento de la causa y de la experiencia frente a las pataletas, gritos, cambios de humor repentinos, cambios absoluto de gustos y preferencias, inicio de conflictos que ni el tribunal de la Haya es capaz de resolver al momento de querer ponerle un zapato que ayer amaba y hoy odia con el alma y así un largo etcétera que nos deja en la incertidumbre del “¿Qué vendrá hoy?” Día tras día.

Y es quizás este mismo argumento planteado, lo desconocido que es para los niños como para nosotros los padres el ir creciendo, lo que me hace querer hoy la etapa de los terribles dos, de darle vuelta el foco y no verla como “terrible” sino que como el inicio de su niñez, ya no son más bebés y ahora están ansiosos por vivir a tope el día con una energía inigualable.

Es también una etapa de ir descubriendo juntos que el mundo es increíble y que todo puede ser descubierto y de paso re-descubierto por nosotros (su aún no les toca tener que mirar una flor de esas blancas de las malezas del pasto y decir que es lo más lindo que han visto en el mundo, creánme, pronto lo harán y tendrán que SÍ O SÍ mostrarse maravillados)

Tengo la suerte, como contaba al comienzo, que ya pasé por esta etapa con mi primer hijo y supe sacar algunas lecciones y creo que las madres que están en mi situación me entenderán perfectamente. ¿Es agotadora? Sí, lo es. ¿La paciencia se pone a prueba? ¡A cada rato! ¿Sientes que lo haces pésimo y que como madre eres un absoluto desastre y que sin duda la señora de la esquina lo haría mejor que tú? ¡Por supuesto!, ¿Una copa de vino ayuda en las noches para relajarse? A veces necesitarás dos.

Y hoy ante las primeras pataletas de mi hija, sé ya cómo reaccionar, ya es mi método, no es tanto ensayo y error o pensar que porque toooodo el mundo habla de la famosa crianza respetuosa, entonces yo también tengo que hacer lo mismo. Estos “terribles dos” me encuentran con más experiencia, aprendí a poner límites, a guiar y contener y sigo aprendiendo aún porque la crianza es diferente en cada niño.

Lo que es inmutable y es sin duda el aprendizaje más difícil de todos, es el `darme cuenta de que el tiempo pasa muy rápido y es solo una fase, una que hoy me estoy concentrando en disfrutar más y sufrirla menos y cuando viene la pataleta, las mañas, los cambios repentinos de gustos y humor, las gozo y pienso que en año más tendrá tres y antes que pueda darme cuenta, entrará a la Universidad. Tengo una basurita en el ojo. Mejor dejo de escribir. Snif.