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“Mi historia de lactancia”: Anita y su segunda maternidad

Nota de Momimom: Este es un nuevo espacio para que otras mamás me cuenten sus historias de embarazo, parto, lactancia y/0 alimentación con sus hijos. Pueden escribirme a daniela@momimom.cl, con un mail que contenga la historia me basta para publicar. Les presento la primera escrita por mi más “vieja” amiga de toda la vida…de esas que sólo traes de tu más tierna infancia.

Anita, mamá invitada y su historia de lactancia.

“El 23 de Septiembre de 2014, nació en Estados Unidos mi segundo hijo Gaspar Nasael. Llegué con 6,5 cms. de dilatación al Hospital y las enfermeras comenzaron a correr al ver que avanzaba a 8 cms. en 35 minutos. El parto fue espectacular, las enfermeras fueron muy atentas conmigo y mi doctor es el mejor profesional en esta especialidad que he conocido.

Inmediatamente después del nacimiento, a Gaspar se lo llevaron y no lo volví a ver en un buen rato, nació con hipoglicemia en un nivel bastante grave y el equipo médico actuó rápidamente. 

Afortunadamente, mi parto fue tan bueno que a los 30 minutos pude estar con él acompañándolo en la llamada NICU (la UTI de niños en los hospitales norteamericanos), tomar su manito y junto a mi marido y su hermano mayor estar a su lado. Luego  de 8 días de varios sobresaltos en el camino, estábamos al fin en casita, con un niño recuperado y con ¡mucha hambre!

Creo que jamás había recibido tanta orientación respecto a la lactancia materna como lo fue en Estados Unidos. Todos los dias que estuve en el hospital me potenciaron la seguridad en mi misma, en la calidad de mi leche y en reforzar las emociones positivas que iba sintiendo respecto a ello. Cuando llegó el cuarto día tuve esa leche soñada, lo que no me sucedió con mi primer hijo. Fue algo tan profundo lo que experimenté con la lactancia, que me siento totalmente confiada en que mi leche es suficiente. 

Posteriormente, por esas cosas del destino, tuve que ser operada de urgencia con una cirugía para extraer mi vesícula cuando mi hijo tenía 3 meses y desde ahí en adelante, esa leche maravillosa desapareció.

Este fue, es y será uno de los más grandes aprendizajes en relación a la maternidad y la lactancia, ya que si bien por primera vez en mi vida sentí esa confianza de salir horas de casa sin mamaderas, ni esa leche en el bolsito “por si las moscas”, había “perdido” esa “única” manera de generar ese vínculo maravilloso, más aún después de que Gaspar estuvo tan enfermo.

Y no, estaba muy equivocada, con el tiempo aprendí que el vínculo tiene relación a la energía, el amor, las caricias y el calor que desprende el cuerpo de una madre al alimentar a su hijo. Gaspar llegó a enseñarme que la vida da inesperados giros y situaciones de las cuales sufrimos grandes desconciertos. El escenario se complicó pero tenía que seguir adelante, recordando y fortaleciendo esa confianza de la cual me aferré tanto al momento de amamantarlo. Era imposible que sólo a través de mi leche pudiera lograr ese nexo maravilloso, y a pesar de mi frustración y gran pena, he ido superando lo que vivencié tan profundamente como una perdida y la transformé en una oportunidad de crecimiento.

Dicen que con cada hijo se aprenden cosas nuevas, con respecto a la vida y a uno mismo…Gaspar me enseñó que si bien la lactancia contiene muchos elementos que dan espacio a ese maravilloso momento en el que se funde una madre y un hijo, el acto de alimentarlo va más allá de la forma y trasciende, porque en esto lo único que se necesita es el amor, la paz y el calor de los brazos que lo envuelven día a día, mientras crece feliz y apegado a mi.”