Luego de un verano donde me prometí bajar finalmente los kilos que tenía de sobra de mi segundo embarazo, llegó el otoño y olvidé la dieta y las ayudas externas como tomar batidos o pastillas para quemar grasa. Más bien, cambié todo esto por hábitos, hábitos que he tratado de mantener, sobre todo ahora que llegó el invierno, una temporada que no invita, para nada, a comer ensaladas o llevar un estilo más outdoor de ejercicios. Así es que he decidido, aunque cueste, porque cuesta, mantener las nuevas costumbres en mi día a día que paso a detallar según va avanzando mi jornada.

1. Ante la duda, siempre avena. Aprendí a comer avena al desayuno, con una buena y gran taza de café. Me preparo la avena con un poco de leche, agua, canela y edulcorante y con eso aseguro que al menos por la mañana, no comeré mi amado pan, ese que tanta panza me trajo. En las noches también como avena cuando tengo mucha hambre, pero aquí la mezclo con yogurt griego natural y alguna fruta, una manzana, sino la como sola. Acá la nota con los beneficios que trae consumir avena al desayuno.

2. Snacks de media mañana, siempre. Antes no comía nada después del desayuno, aunque tuviera mucha hambre, esto porque erróneamente pensaba que si comía “fuera de las comidas principales”, entonces estaba saliéndome de una dieta. Y no pues, al contrario, consumir durante el día, pequeñas cantidades de comida resulta ser muy beneficioso para el metabolismo del cuerpo, ayuda a mantener la energía y por sobre todo, no entras en “modo reserva”, que es cuando el cuerpo recibe “la amenaza” de que está pasando hambre y debe por tanto, funcionar más lentamente para así no realizar un mayor gasto de energía. Así entonces, comencé a tener a mano frutas frescas para consumir y algún cereal si es que el hambre es demasiada.

3. Y también aprender a comer snacks a base y proteínas en la tarde y en la noche. Leí y puse en práctica el gran secreto de muchas personas para mantenerse en el peso, comer más proteínas. Es muy simple, las proteínas generan una mayor sensación de saciedad y te ayudan a mantenerte con más energía, no necesitas ser una experta en la materia, solo leer un poco y aprender a hacer un par de snacks proteicos saludables como los que están en esta nota.

4. No comerme las sobras de la comida de mis hijos. Qué simple y qué cierto. Antes me daba pena, me bajaba el cargo de conciencia por la comida que dejaban en el plato mis hijos y me la comía yo, o bien, me comía lo que sobraba y luego iba por más comida y así cerraba el día, comiendo más de la cuenta, almorzando y cenando tres veces. Ahora, si mis hijos dejan comida en el plato y no ha estado en demasiado contacto con sus manos o boca, la refrigero o bien procedo a servirla a mi siempre hambriento felino.

5. Saber que debo hacer ejercicio porque mi cuerpo lo necesita y no para estar “más flaca”. Sean rutinas simples como bailar o un workout de 20 minutos que puedes encontrar en YouTube como el de esta nota de Blogilates, o bien asistir a una clase o gimnasio, hacer ejercicio entendí que es parte de mantenerme saludable, que mi cuerpo lo necesita para tener más energía, para trabajar músculos que me ayudan en el día a día con mis hijos, a mejorar mi respiración, mis articulaciones, etc. El ejercicio debe ser parte fundamental de tu vida y esto lo aprendí siendo madre, no antes.

6. De lunes a viernes, ser ordenada con las comidas. Sábados y Domingos, relajarse pero no al punto de festín romano. Durante la semana trato y digo TRATO de ser ordenada con todas las comidas, no saltarlas, comer saludable y luego el fin de semana, darme algunos gustos y ser más relajada, siempre odié ser LA única a dieta en un almuerzo familiar así es que no, no transo en un fin de semana.

7. Aprender a reemplazar alimentos. Por ejemplo, leche en las mañanas, la cambié por leche de arroz, arroz y pastas ahora son integrales, galletas pero de arroz y cereales y así. Pequeños cambios han hecho una gran diferencia en mi día a día de alimentación.

8. Adiós “Delivery”. Al vivir en Santiago, pedíamos mucha comida a domicilio tipo “delivery”, era más fácil, rápido y cómodo. Vivir en el sur trajo un gran cambio y es que hay pocos lugares donde pedir el sandwich o el sushi (que tiene muuchas calorías) salvador de la noche. Hemos aprendido a cocinar o a comer más liviano en la noche y si queremos darnos algún gusto del tipo indulgente, buscamos algún lugar que tenga un delivery de calidad, lo que no ha sido fácil de encontrar aún.

9. Escuchar al cuerpo, comer de forma consciente. He leído mucho sobre la tendencia del “mindful eating” o comer de forma mindful o consciente y tiene sentido, comer saludable no es estar todo el día comiendo lechuga, al contrario, comer de forma consciente es aprender a escuchar al cuerpo, entender qué es lo que te pide y qué es lo que necesita, y a veces necesitará comida “comfort o para el alma” y está bien que sea así, o bien, a veces te pedirá que comas más liviano y lo más importante, te pedirá que comas lo que necesitas para estar bien en tu día a día.

10. Aceptar que mi cuerpo cambió y ¡para mejor! En mi época pre-hijos, fui muy delgada pero ahora entiendo que mi cuerpo cambió, fue capaz de dar vida a dos seres humanos preciosos y junto con ello, muchas cosas ya no son lo mismo que antes y ¡está bien que sea así! Dejé de pensar que volvería a ser la misma persona con el mismo cuerpo de antes de ser mamá, me acepto ahora y me quiero más que nunca con mi nuevo cuerpo, con mis estrías, mi panza más abultada por las dos cesáreas que cortaron músculos, con mis caderas más anchas, mis pechugas post lactancia, mis ojeras y arrugas incluso. Todo cambio debe ser para mejor y si algo pude hacer en este proceso, fue simplemente bajar aquellos kilos que me molestaban, que me quitaban energía y auto estima y ¡listo! Ahora la tarea es mantenerme sana, liviana y lista para correr todo el día detrás de dos niños y de las múltiples tareas que implica ser mamá.