En nuestra infancia, el tener amigas era una de las mejores cosas que podías experimentar, con tus amigas estabas literalmente en todas, se acompañaron y fueron muchas creciendo junto a ti, desde la época del colegio, la Universidad, el trabajo y luego la maternidad.

Curiosamente, de esas amistades entrañables, muy pocas sobreviven al nuevo estado de la maternidad, basta preguntar a tu círculo más cercano de ahora “amigas-mamás” y muchas te dirán que las amistades han ido lentamente o también abruptamente, cambiando.

Y pueden ser muchas las razones, pero creo que la principal es que cuando te conviertes en mamá tienes dos opciones: encuentras una nueva y mejorada versión de ti misma en este nuevo rol o…encuentras una nueva pero compleja versión de ti misma que cuesta mucho compatibilizar con quien eras antes. Cualquiera de las dos versiones son tus versiones y quien no las entienda o te acompañe en esto, entonces no vale la pena tenerla en esta etapa.

También sucede que las amigas mamás que irás haciendo son amistades que se relacionan precisamente en este entorno, amigas con las que compartes situaciones, el colegio o jardín infantil, amigas con las que compartes corrientes de crianza o desafíos, como es el caso de un hijo con enfermedades o capacidades diferentes. Sea cual sea el caso, rodearte de este grupo de mujeres que están viviendo lo mismo que tú es muy beneficioso y te ayuda muchísimo en tu maternidad.Y en este nuevo encuentro, lo mejor es que irás descubriendo herramientas para criar mejor, para sacar fuerzas cuando sientas que se escapan y para desahogarte cuando sientas que todo es más difícil de lo que esperabas.

De mis amigas mamás aprendí, he aprendido y seguiré aprendiendo muchísimo para criar a mis hijos de la mejor manera posible. De ellas, aunque no lo sepan algunas, he sacado lo bueno de su crianza y también lo no tan bueno, porque sin criticar o juzgarlas, hay cosas que no comparto de su crianza y por lo mismo, me he alejado o, si no es tan crítico, he aprendido a respetarlo.

Esto porque he aprendido que en el camino, la opinión o consejo disfrazado de crítica, prejuicio o juicio de valor, sobre el cuidado de nuestros hijos puede ser capaz de destruir grandes amistades que pensabas, nunca se acabarían. Y sin embargo, lo hicieron.