Todos los niños en algún momento nos “vuelven locos”, al menos un buen par de veces en el día sin exagerar, especialmente cuando están en pleno desarrollo de su personalidad y lenguaje. No obstante, aunque temporalmente sintamos que perdemos la cabeza y terminemos gritando, lo recomendable es que ante situaciones que te gatillen el querer gritarle, lo recomendable siempre será no hacerlo. Acá las razones y cómo dejar de gritar en la crianza.

Gritar, sentirse culpable, volver a gritar: el círculo sin fin.

Pareciera ser el recorrido en el que muchas mamás caemos cuando perdemos la paciencia y gritamos a nuestros hijos. Sin embargo, dependerá de nosotras cortar este círculo, siendo estas estrategias las que más podrán ayudarnos en estos casos:

1.Poner límites en ti antes de gritar. En el minuto que sientas que la rabia te invade y vas a gritar, es la señal para hacer algo, darte un minuto para calmarte y luego intervenir de la forma más positiva posible en la situación.

2.Si sientes que no puedes controlar los gritos, irte de la pieza tú o tu hijo. Y darte el espacio para calmarte y luego dialogar con él, no gritando.

3.No ver cada situación como una emergencia. Si ya nos acostumbramos a pensar que cualquier comportamiento errado de nuestro hijo amerita un grito es momento de pensar que no lo es y comenzar a hacer la diferencia.

4.Practicar un nuevo tono de voz y el llamado a la calma. Decirle a tu hijo “voy a calmarme primero y luego hablar” es el mejor punto de partida para ir ensayando un nuevo tono para hablarle.

5.Reafirma tus capacidades. Repite cuantas veces sea necesario que eres una buena mamá, que lo estás haciendo lo mejor posible y siéntete confiada en tus capacidades antes de volver a gritar.

6.Trata de hacer actividades que te calmen, tómate algún minuto en el día. Para botar las tensiones, criar no es fácil y necesitas tus momentos para descomprimir el estrés de algunas situaciones.

7.Cambia la forma en la que ves a tu hijo. No lo encasilles en que es un niño “malo” o “malcriado”. Tu hijo es un niño y se comporta como tal, lo mismo hiciste tú y por tanto las palabras crean realidades y va en nosotras cambiarla.

8.Cuando todos estén calmados, conversar.

9.Cuando no has gritado, tu hijo lo verá porque tú también le demostrarás que no gritaste y así podrán ir los dos trabajando el refuerzo positivo que están ambos aprendiendo.

¿Fácil? Para nada, al contrario, es muy difícil no gritar, pero se puede dejar de hacerlo y dar con eso paso a una convivencia y relación más calmada y plena con los hijos. La clave siempre estará en ti, no en ellos.