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Fallar todo el tiempo, volver a intentar, dejar tanta autocrítica: El loop de la maternidad

La maternidad es sentir que fallas, día tras día. Suena fuerte, y lo es. Les expongo un poco mi teoría para ver si están de acuerdo.

Te embarazas o finalmente logras embarazarte si tuviste complicaciones para hacerlo. Ese mismo día empieza una especie de carrera por hacer check a una ETERNA lista de “lo hice o no lo hice”… que no va a terminar jamás.

En los 9 meses de embarazo pasarás por diferentes “check”. Puedes estar en el check de la que subió mucho de peso, o la que subió poco. Si subiste mucho, sentirás que estás fallando como estereotipo de mamá modelo. Luego tendrás que decidir si, por ejemplo, haces yoga de embarazada, haces cursos de lactancia y también de parto, un check más, un check menos. Si nada hiciste, puedes sentir nuevamente que fallaste, especialmente cuando en conversaciones con otras embarazadas, quedes fuera por el solo hecho de “no saber”.

Después llega el día del parto: te ponen epidural y querías parto natural; querías parto normal, pero termina en cesárea; querías tener apego mucho rato, y te quitan a la guagua. Así millones de cosas que finalmente uno no controla y por tener inmensas expectativas (como es normal!), pueden hacerte sentir que no hiciste todo lo que estaba a tu alcance para lograr el objetivo que te propusiste para darle un “check-no fallé”.

¡Uf y ni hablemos de la lactancia! La Reina Madre del “fallé como mamá”. En mi caso, fue la primera gran pena de la maternidad. No le pude dar más que un par de meses pechuga, el resto fue guagua relleno. Con todo lo que yo había leído sobre la importancia de la lactancia, el hecho de que es la mejor comida porque tu cuerpo la produce especialmente para tu guagua, que se enferman menos, la conexión y un largo etcétera. Listo, llegó un día en que después de mucho llorar tuve que decir: no puedo, fallé… tírenme a la hoguera.

La verdad es que nadie me tiró a la hoguera, yo misma lo hice por mucho tiempo. Pero preguntas sin mala intención de amistades sobre la lactancia de inmediato me hacían sentir que había fallado en la primera gran tarea de ser madre, alimentar a mi propia cría.

Acepté la derrota (que no es derrota, tuve una cirugía en las pechugas que me hizo muy difícil el poder darle teta a mi hijo) y avancé. Hasta que me topé con el siguiente desafío: la vuelta al trabajo.

Soy independiente, pero ya a los 7 meses de mi hijo me era absolutamente imposible sacar un pendiente, por eso pensé en que lo mejor era que alguien viniera a mi casa a cuidarlo. Pero la verdad no me gustó, aparte perdón, pero es más barato un jardín infantil que una persona que haga aseo y cuide a los niños en la casa.

Por eso, al año de vida, mi guagua ya estaba en el jardín infantil. Básicamente sentí como por 2 semanas que lo había abandonado. La crítica es sútil, pero se hace sentir: “lo mejor para tu bebé es que estés con él de forma exclusiva hasta los 2 años”, si claro… y ¿quién paga las cuentas? En un principio iba media jornada, hasta que por más carga de trabajo le tuve que alargar la jornada tres días a la semana. ¡Wa! ¿Peor mamá o peor mamá?

En fin, podría mencionar mil cosas más que a veces me hacen sentir mala mamá ¿Soy solo yo, o las mamás somos extra duras y pesadas con nosotras mismas?

Para terminar les dejo este video que vi la semana pasada y que me hizo pensar, que a veces, en el loop eterno de ser mamá que siente que falla y lo vuelve a intentar, se nos olvida que mientras nosotras nos juzgamos, otros, nuestros hijos, no ven falla alguna, solo ven a su mamá:

Fran Ulloa es mamá de Diego, Licenciada en Historia, Máster en Historia y Gestión Cultural.  Actualmente, trabaja como  Senior Content Manager freelance y colabora como Columnista en Momimom. Puedes leer más sobre ella en su blog: Franuyeah y su cuenta de Instagram: Datosdemm

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