En mis dos embarazos el último trimestre significó más que cualquiera de los otros dos principalmente por 5 grandes factores, los que a continuación y a riesgo de que la oxitocina siga haciendo que olvidé y se me ocurra la locura de un tercer hijo, pasaré a detallar:

1-Ya no pasas desapercibida: Adonde vayas todo el mundo nota que estás embarazada y las reacciones son diversas, la gente te ayuda, te da el asiento, te mira con ternura o bien, y me ha pasado, eres el cacho, la que se quiere colar en la fila o simplemente la gorda embarazada. Sí, la gente puede ser muy cruel y se le olvida que alguna vez hubo una madre que los llevó en su guata y los aguantó.

2-Todo, todo cuesta el doble: O el triple, dependiendo de la tarea, estar sentada todo el día en tu escritorio es un desafío porque te empieza a doler la espalda, la guata no te deja sentarte bien, la guagua se aburre yo creo de estar tanto rato en esa posición y empieza a patear y ni hablar de cómo empiezan a dormirse y acalambrarse más todas las extremidades. En mi caso, sufrí con el tema del Túnel Carpiano y ya a las 34 semanas apenas podía teclear, menos escribir o manejar. Luego hacer el aseo, salir a caminar, hasta bañarse comienza a costar mucho más que cuando no llevabas un mini humano en tu guata.

3- Comer ya no tiene nada de rico: Recuerdas esos días donde podías comer helado con frutas, crema, salsa de chocolate y galletas? Pues bien, eso es el pasado, en este trimestre comer un poco es sinónimo inmediato de reflujo, acidez y guata pesada, la combinación es peor si se te ocurre irte a dormir después de comer, mala, mala idea.

4-Dormir dejó de ser el momento del descanso: Dormir? Claro, se duerme, tipo 2 am, cuando ya probaste todas las posiciones posibles y tu cojín de embarazo o cualquier otro está atravesado en tu espalda, piernas o abrazado a ti como si fuera el más preciado objeto. Y el pobre hombre con el que compartes la cama está lejos, muy lejos porque no andas de ánimo ni para abrazos, cucharitas u otros menesteres. Como bonus, tu peso ha ido haciendo una hamaca en tu lado de la cama y solo darte vuelta es tener que encaramarse de vuelta al centro de la cama. Mejor levantarse a descansar.

5- Roncar y respirar se asemejan ahora más al sonido de un serrucho que al de la dama que solías ser: Bueno, respirar es lo que nos permite vivir por lo que podría decirse que es fundamental seguir haciéndolo, claro que ahora es demasiado evidente que lo haces y hasta a ti misma te resulta a veces un tanto desagradable, te falta el aire, das como brincos con cada toma de aire que haces y al irte a dormir, roncas más que osa embarazada.

6-Sólo quieres que nazca, o que no tan pronto, o que sí, o que no: Así es, estás ansiosa porque nazca y verlo y comenzar con todo el tema de convertirte en oficialmente su madre, pero al mismo tiempo te aterra la idea entonces quieres que se tome su tiempo o que éste pase lento.

7-Juras de guata que va a nacer antes: A la semana 38, pero llegas a la 38 y ni señales de guagua, luego todo el mundo te comienza a preguntar, “y cuándo nace?”, “Y? Alguna contracción?” Pero nada, vas a los controles y el doctor te dice que a seguir esperando y sigues esperando y nada de guagua en la semana 38, 39 o 40.

8-Quieres ordenar todo y preparar tu casa como el perfecto nido: Porque precisamente se llama “hacer el nido”, aunque claro, nadie más lo ve, tú sabes que hay mucho por limpiar y ordenar y limpiar y ordenar y vamos repitiendo y haciendo orden todos los días.

9-Las hormonas, que han jugado con tus emociones y genio todo el embarazo, ahora están peor: Pero no importa, ya no puedes estar más embarazada y cualquier pataleta o enojo se perdona, tu panza gigante es un comodín perfecto.

10- Ya no le tienes miedo a nada: Ni a una contracción que en los dos trimestres anteriores eran para preocuparse, ahora son como “al fin!!” o al parto mismo, que tanto te aterró durante 9 meses. Ya en la recta final, no importa cómo nazca, lo que importa es que nazca, venga bien sanito y punto y si toca cesárea, cesárea será o parto sin anestesia, pues bien, cuando llega el momento de ser madre, llega también el momento de dejar de planificar tanto y comenzar a vivir en lo impredecible que es la maternidad.