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Por: - Marzo 23rd, 2017 - Sin Comentarios »

3 tips para que los niños puedan compartir por gusto y no por deber

Niños jugando con juguetes

“¡Tienes que compartir!” “¿Podrías compartir?” “Amor, hay que compartiiiiiir” y así otras tantas frases que más o menos terminamos aprendiéndonos de memoria, forman parte de nuestro discurso diario con los hijos, especialmente si estamos con más niños en situaciones donde efectivamente, hay que compartir, ya sea juguetes, comida, una bicicleta, un asiento, en fin, pueden ser muchas cosas porque finalmente, todo se puede compartir.

El punto, es que en general, cuando se trata de compartir objetos como un juguete, si hay diez niños que están al lado del juguete, lo más probable es que todos quieran ESE juguete, aunque hayan 9 juguetes más. ¿Qué hacer ahí? ¿Pedirles que compartan algo que claramente no quieren compartir?

La respuesta hasta hace muy poco hubiese sido “sí, hay que pedirles que compartan”, no obstante, esto ya no es la verdad absoluta porque nuevos estudios y evidencias han comprobado que el saber compartir es una habilidad que se va desarrollando con los años. En palabras de la autora del libro “Peaceful Parent, Happy Siblings”, Dra. Laura Markham, “lo importante es que crezcan siendo generosos y sabiendo responder a las necesidades de los otros, colaborando y siendo valiosos para su comunidad y que no sientan que tienen que estar constantemente siendo interrumpidos en sus actividades para dar algo que otro niño quiere, sin preguntarle antes si quería darlo en primer lugar”, señala.

El forzar el compartir según Markham, en vez de enseñar a los niños a tener una voz y pararse por si mismos, les enseña a que si lloran fuerte, conseguirán lo que quieren, que si pelean por el juguete o lo que sea con el hermano, vendrá la mamá o papá y le dará la razón, generando de paso resentimientos entre hermanos o que hay que ser “rápido” jugando, porque pronto alguien vendrá y le quitará el juguete y que finalmente, si aburro y canso a mis papás con rogar a que me dejen jugar, por cansancio terminaré jugando. Todo eso en vez de potenciar habilidades o estrategias que podrían beneficiar enormemente su capacidad para resolver conflictos y socializar, entre otros puntos relevantes de su desarrollo.

¿Entonces? ¿Qué hacer? ¿Les enseñamos a compartir?

La respuesta, plantea la experta, no va por enseñar, va por entregar herramientas para que ellos mismos aprendan a manejar las situaciones donde deben compartir objetos y turnos, trabajando con los niños el que se autorregulen y tomen decisiones, que si bien son guiadas, dejan el espacio para la autonomía y para manejar sus propios juegos y espacios.

¿Cómo entonces actuar como padres?

1. Sentar bases, plantear un propósito. Hacer notar al niño de que hay un juguete que el otro quiere y que por lo tanto, sería muy noble de su parte el que una vez que juegue por un tiempo con ese juguete, pueda pasárselo al niño o bien (por sobre los 3 años) proponer un juego en conjunto con ese otro niño o niños, el juguete en cuestión y otros juguetes. Si se fijan, acá no se usa la palabra compartir, se cambia el foco pero se espera el resultado inicial, compartir.

2. Darles la experiencia de “perderse en el juego” y ser generosos, no competitivos. Es decir, no decirles, ya “tienes 15 minutos para jugar y luego lo prestas”. Lo óptimo es que él niño dé un marco de juego y luego termine la acción con un acto de generosidad y sin competencia. Nuevamente, guiar, no forzar.

3. Reforzar la autorregulación. El compartir es una habilidad social, no es parte del niño y su esencia, por tanto, tal como otras habilidades, se aprenden y se regulan en su intensidad, tú le enseñas al niño a dialogar y no quitar por impulso, a convencer al otro y no a competir por un objeto, a crear un juego en conjunto, a ser sociable, y eso es tarea nuestra mamás y papás, no del niño. ¡Así es que paciencia y a no obligar a compartir!

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