Leí este artículo sobre el ser mamá en China hace un tiempo y me quedó dando vueltas por varias razones, primero, porque hasta hace muy pocos meses, existía una estricta política en ese país del “hijo único”, es decir, las parejas estaban obligadas a tener un solo niño, que ojalá fuera hombre, porque al no serlo, se rompía con la descendencia y con las posibilidades de que este hombre siga con el legado familiar ya sea de negocios o linaje.

Ahora esa política ha cambiado y las parejas pueden tener hasta dos hijos. Sin embargo, existen otras costumbres y formas de hacer maternidad que no dejan de sorprender a esta madre occidental (yo) y a la autora del post original, Tatum Hawkins, quien publicó la nota originalmente en el sitio Babble de Disney. Acá los principales puntos traducidos por Momimom:

1. Los brazos de mamá o papá son los más seguros. Y esto incluye llevarlos dentro del auto, salir con ellos en brazos y en resumen, hacer todo con ellos en brazos, sin ayudas externas como sillas de autos, coches o portabebés. De hecho, el tema de la seguridad vial aún es una industria en crecimiento para un país altamente desarrollado.

2. Cuando todos los hijos son un hijo único, no hay varias formas de criar, hay una sola y es un tanto extrema. Mucha gente no se da cuenta de que la radical medida del “único hijo” en China tuvo inesperados efectos en la crianza. Hasta hace unos meses, tener un hijo era a todo lo que se podía aspirar como familia y desde el embarazo hasta la mayoría de edad, los paddres de ese niño no saben de formas de crianza más que darles todo el tiempo y dedicación a ese hijo.

Otro fenómeno que se da y que documenta en su post esta mamá extranjera es que ella al tener dos niñas, la miran todo el tiempo y le preguntan qué tan difícil es criar dos niños. Por otra parte, estos niños únicos son a menudo considerados “mini adultos” al vivir en su mayoría con la familia extendida que se compone de abuelos y tíos y pocos niños a su alrededor.

3. Los bebés chinos no usan frecuentemente pañales y aprenden desde que nacen el control de esfínteres. “Esto es algo que me sorprendió y aún me sorprende”, cuenta en su artículo esta mamá occidental que ya lleva 3 años viviendo en China. “Los bebés no usan en su mayoría pañales desechables o de género porque se consideran un lujo. En cambio, usan una especie de pantalones partidos por la mitad, que dejan al descubierto sus nalgitas y cuando tienen que hacer, bueno, hacen”.

“¿Es higiénico? ¿Van siempre a una bacinica cuando tienen que hacer? Pues no y no, los ves en las calles, en el metro, en muchas partes públicas y se acepta, porque en su cultura, los bebés aprenden desde muy temprano el control de esfínteres, antes del año ya están yendo solos al baño y lo más curioso, saben de antemano que no deben hacerse cuando están en brazos, solo cuando están en el suelo o caminando con sus pantalones con el potito al aire.”

4. Los bebés chinos están a la moda y nunca, nunca van descalzos. Dado el deseo de vestir a este hijo único de la forma más glamorosa posible, los papás chinos destinan grandes sumas de dinero en ropa para sus hijos, especialmente ropa formal y ponerles capas y capas de ropa, incluso en días calurosos. Otro detalle contado por la autora del artículo es que “nunca, nunca van descalzos, desde que nacen siempre llevan zapatos o calcetines, un día salimos con mi bebé en coche sin calcetines y todas las mujeres de mayor edad que vimos me pararon en la calle para decirme que estaba muy mal que llevara a mi bebé sin protección en sus pies porque por ahí es que se escapa el calor y se enferman. Después de ese día aprendí a que mejor siempre le pongo calcetines a mi bebé”. Comenta.

Otro detalle es que si bien en muchas culturas los bebés son rapados al nacer, en China en cambio es tradición y se realiza una ceremonia familiar para rapar sus cabecitas al mes de vida, a los 3 meses y a los 100 días de nacido.

5. Se acepta que la mamá no es la súper mamá y que está bien pedir ayuda.
Las “ayi”, que en mandarín significa “tías”, son asesoras del hogar que se integran a la familia como un miembro más y se les trata como tal. Las tareas de la casa así se dividen entre la mamá y la “ayi” y esto incluye hacer trámites, ir a buscar a los niños al colegio, llevarlos al doctor, etc. Y si los papás quieren salir, la ayi se queda con los hijos de la pareja, a menudo viviendo en la casa de la familia o yendo y viniendo de su casa a la casa donde trabaja. Eso sí, según describe Tatum Hawkins, para finalizar su artículo, a la “ayi” no se le da órdenes como una empleada, el trabajo es colaborativo y ella realiza su labor con calma durante todo el día.