Vitamina | Salas Cuna y Jardines Infantiles
Por: - Mayo 4th, 2016 - Sin Comentarios »

6 cosas que pensé sobre cómo sería al convertirme en madre ( y que ya no pienso)

Esta historia quizás no parte de la forma más entretenida. Esta historia parte algo triste pero luego, como en toda historia de nuestras vidas, cambió y hoy tiene no un final, sino que una continuación de algo increíblemente mejor y que ha transformado mi vida por completo: ser madre de dos hijos.

El año 2009 supe, muy tempranamente, que sería mamá, la alegría no duró mucho porque a los pocos días de saber que estaba embarazada, un nuevo examen de sangre confirmó que el embarazo no seguiría y que en realidad, tal como me explicó el doctor en ese momento, los embarazos químicos que le llaman, eran algo muy frecuente. En ese momento, toda mi idea sobre cómo sería yo al ser madre comenzó a dar vueltas en mi cabeza y me costó un poco asumir que, al menos en ese año, no iba a convertirme finalmente en mamá.

Pasada la pena, dos años más tarde, planificamos ser padres con mi marido y muy pronto llegó la noticia más esperada, tenía casi 6 semanas de embarazo y esta vez sí los exámenes iban mostrando que el embarazo seguiría. Comencé entonces a pensar nuevamente cómo es que sería yo como madre y hoy, con dos hijos de 3 y 1 año, un niño y una niña, me he podido dar cuenta con harto humor entre medio, que hay cosas que sencillamente con dos maternidades encima, NO son como yo las había imaginado o pensado. Acá el listado:

1. Pensé que sería más sobreprotectora. Por esencia soy sobreprotectora de lo que más quiero, desde mi familia hasta mis animales. Y con mi primer embarazo me cuidé y sobre-pero sobre-protegí a mi hijo aún no nacido. Pero luego, al nacer mi segundo hijo, comencé a ser más relajada y me sorprendo de mi misma a veces cuando me doy cuenta que en algunos aspectos no me estreso tanto como pensé que lo haría con mis hijos.

2. Pensé que viviría preocupada. Porque con mi primer hijo fui así, todo, pero absolutamente todo lo que pasaba con él era un motivo de preocupación constante, hasta las cosas más mínimas. Gracias a la vida (que me ha dado tanto) que llegó mi hija después a mostrarme por qué vale la pena preocuparse y por qué no vale la pena desgastarse.

3. Pensé que nunca pasaría las etapas más críticas del inicio de la maternidad. Esas primeras semanas sin dormir nada, sufriendo con la lactancia, sufriendo con los cólicos, con dolores y molestias varias, con no entender qué me estaba pasando que lloraba todo el rato, con mirarlos todo el día para ver si respiraban, en fin, con toda esta primera etapa, hubo muchos días en que vi todo negro y no sabía cómo seguiría el día siguiente. Afortunadamente, el tiempo pasa y hoy me declaro una vencedora de la etapa crítica de madre de un recién nacido.

“Ser madre te cambia, de eso no hay duda, pero todo cambio debe siempre ser para mejor y gracias a la maternidad he podido cambiar y seguir constantemente avanzando, ya no solo por mi, sino que también por esas pequeñas personitas que me miran y me admiran…”

4. Pensé que mi vida cambiaría por completo y que tendría que sacrificar muchísimo. Y aunque mi vida SÍ cambió por completo, hubo algunas noches de desvelo en que pensé que no lo lograría, en que no podría, no había cómo, conciliar trabajo y maternidad por ejemplo, o ser mamá y ser al mismo tiempo amiga, ser social, esposa, hija, tía, etc. Los sacrificios están, eso está claro, pero en la medida en que vas avanzando en tu maternidad te vas dando cuenta de que son pocos y que se compensan, infinitamente se compensan.

5. Pensé que mi cuerpo nunca más volvería a ser el mismo antes del embarazo. Con cada embarazo subí muchísimo de peso y yo soy de contextura delgada y alta, entonces verme con casi 20 kilos demás al momento del parto, y con mi segundo hijo con 30 kilos gracias a una maldita alza de presión que aumentó mi peso por retención de líquidos y edema generalizado, me miraba al espejo y no me reconocía, era una imagen que sinceramente no le di mucha importancia en el momento porque habían cosas más importantes, como por ejemplo, alimentar al pequeño ser. No obstante, el tiempo pasó y hoy, con mi segunda hija de un año, ya volví a casi casi mi peso normal y la cicatriz de la cesárea no se nota casi nada, claro que el “tren superior” llamado “pechugas”, bueno, nada que hacer ahí, eso ya cambió no más.

6. Y por último, pensé en que ser madre no cambiaría mi forma de ver la vida. Ilusamente, pensaba en que ser mamá no haría de mi una mejor persona. Error. Ser madre me ha convertido en una persona más decidida, con menos miedos, con más determinación para no aceptar aquello que no me hace bien, para dejar de lado situaciones o personas que de alguna forma complican o dañan a mi y mi familia. Ser madre te cambia, de eso no hay duda, pero todo cambio debe siempre ser para mejor y gracias a la maternidad he podido cambiar y seguir constantemente avanzando, ya no solo por mi, sino que también por esas pequeñas personitas que me miran y me admiran, aunque muchas veces dude de mi, de mis capacidades ya sea como madre, persona o como profesional sé que ellos de mi no dudan jamás y eso es lo único que importa.