Sí, mi hijo duerme con nosotros cuando quiere y si se despierta no me quedo en modo zombie parada frente a su cuna, ni yo ni su papá o lo dejo llorar “hasta que se canse” o “le cierro la puerta para dejarle en claro que no va a pasarse a nuestra cama”. En resumen, no hago ni el más mínimo caso a los consejos que nadie les pide a las doctoradas en maternidad y sus técnicas para que el pequeño se vuelva a dormir.

Porqué no me preocupa este tema del sueño? por varias razones y varias lecturas. La fundamental y más importante tiene que ver con el hecho de que una vez probé el método “duérmete niño“, siguiendo todos los pasos, para luego estar al otro día, con el genio atravesado los tres integrantes de la familia al no haber dormido más de 3 horas de corrido, siendo el resultado más visible en mi hijo que durante todo el día estuvo muy irritable y malo para comer mientras yo dormía con los ojos abiertos frente a mi computador en el trabajo.

Al día siguiente seguimos intentándolo por turnos y cuando ya estábamos a punto de firmar los papeles del divorcio, el tercer día hablé con una mamá amiga que no se cree doctorada en maternidad y me hizo ver algo muy simple: “disfruta, no sufras porque los niños son niños una vez no más y no hay cabro de 15 años que duerma con los papás todavía”.

Simple y directo. Ya no más pensar en que mi hermoso retoño me “manipula” al dormir con nosotros y que es lo peor que uno puede hacer. Finalmente, lo mejor es tratar de entender que uno lidia con un niño, con una guagua que no tiene regulado su sueño y que según muchos estudios no lo hará hasta los 6 años aproximadamente.

El ritual de cómo hacemos dormir a nuestros hijos es una decisión familiar y cada uno sabe cómo y qué será lo mejor para lograrlo y cuáles son sus métodos o fórmulas de éxito. La nuestra es que cada noche él se duerme en nuestra cama y luego se va a su cuna y cuando despierta en la madrugada o a las 6 AM lo pasamos a nuestra cama y seguimos todos durmiendo hasta que suena la alarma y comienza el día.