Dicen que el proceso más estresante en una persona es el cambiarse de casa y si además le agregas trasladarse de ciudad con niños pequeños entonces el nivel de nervios y preocupaciones se eleva al infinito. Yo lo viví hace 3 meses y recién por estos días puedo decir que las preocupaciones y estrés que todo esto ha significado para mi, marido e hijos comienza a bajar. Por eso y pensando en que pueden haber otras mamás con niños chicos que vivirán una situación similar, acá una lista de consejos que te servirán para enfrentar estos cambios:

1. Hacer listas y más listas de cosas por hacer. Al convertirnos en madres, incluso antes, comenzamos a armar listas de todo y para todo, siguiendo entonces con esta habilidad, parte por armar un listado con todos los trámites que deberás realizar para tu mudanza, que incluya contratar una empresa que lleve tus cosas y que también te ayuden a embalar y guardar tus muebles y objetos en cajas. En mi caso, contraté desde Santiago a la empresa Transun, una pyme muy preocupada, me fueron a dejar cajas, lápices y cintas un mes antes y me dieron tips para comenzar a embalar, me fueron llamando cada semana para ver si necesitaba ayuda en algo y el día del traslado llegaron 10 personas que en menos de dos horas se llevaron todo y hasta limpiaron.

Sigue después con otras listas: Cosas a embalar, cosas por vender, desechar, regalar, trámites por realizar, etc. Todo por separado, así las vas revisando y haciendo check en ellas todos los días.

2. No “picotear” en el embalaje, centrarse en una pieza o ítem y terminarlo para luego avanzar al otro. Acá es donde la lista nuevamente cobra importancia. Si un día dice “vamos por la cocina”, entonces te dedicas a la cocina hasta que hayas embalado todo y dejado sólo lo esencial que ocuparás hasta el día del cambio de casa y así ir avanzando, porque si vas de pieza en pieza, como experiencia propia te aseguro; llegará el día de la mudanza y habrán cosas sueltas sin embalar y al final todo se irá a una gran bolsa de basura arriba del camión.

3. Embalar las cosas de los niños al final. Este es uno de los puntos más trascendentes del proceso de cambiarse de casa con niños. Me pasó ver que con cada avance que iba pasando en la casa, más nervioso y ansioso se ponía mi hijo mayor. Partía por instalarse al lado mío y preguntar una y otra vez “¿por qué estás haciendo eso mamá?”, para luego seguir con “no, no guardes eso, yo lo quiero, lo necesito (y era un macetero, súper útil para él). Finalmente, opté por ir embalando en los momentos en que él jugaba o bien cuando ya se iba a dormir. Llegado el momento de desarmar su pieza, traté de hacerlo los últimos días y hasta el día en que llegó el camión.

4. Incluirlos en el proceso de forma natural y si no quieren participar dejarlos. Como eran tantas las preguntas y él quería ayudarme a ordenar y meter las cosas en las cajas, al principio jugaba con él y lo dejaba meterse en las cajas grandes, pero al poco tiempo de que lo hice parte del proceso se volvía muy inquieto, más si le trataba de explicar que era porque nos íbamos a otra casa y a otra ciudad, entonces trataba de sacar las cosas de las cajas y se enojaba y frustraba. A raíz de esto comencé a contarle un cuento del “viaje” que harían sus cosas y que lo pasarían mejor en “la otra casa”. A veces enganchaba con la historia y otras veces no le interesaba y seguía jugando o haciendo otra cosa.

5. Tratar de llevarlos a su nueva casa con su pieza, juguetes y objetos personales ya instalados. Por recomendación de mi madre, que varios cambios de casa tuvo con mis hermanos y yo, al llegar las cosas a nuestra nueva casa y como no estábamos, mi mamá armó la pieza de mi hijo primero y fueron abriendo todas sus cajas con juguetes para que él las ordenara. En esos días con su papá estábamos en Santiago trasladando todo y en mil trámites así que cuando vi un video donde con emoción me mostraba como “tenía todo lo que necesitaba para ser muy feliz”, nos quedamos tranquilos de que la ansiedad por no saber dónde irían sus cosas dentro de la caja, había llegado a su fin.