Con mi salida de prenatal, comenzamos el ansiado proceso de dejar los pañales. Julián tiene 2 años y medio y ya estaba comenzando a dar indicios de que podría -eventualmente- dejar los pañales.

A ya dos meses de iniciado el proceso, me encantaría poder decir que todo ha salido perfecto pero eso sería mentir descaradamente. Al contrario, ha sido difícil y por sobre todo, aunque me lo haya leído todo al respecto, mi hijo tiene su propia agenda y escribe sus propias reglas.

No obstante, uno de los artículos que leí del sitio Parents.com es el que más se ha acomodado a esta aventura que estamos viviendo, en la que al menos, ya tenemos dominada la parte “pipi”, ahora vamos por la parte “caca” para terminar con, ojalá prontamente, sacar totalmente los pañales, incluso para dormir.

Acá algunos consejos y sugerencias para llevar esta tarea al estrellato:

1. Mostrar que el pañal es un problema, para todos: Hacerle ver que ir al baño y hacer los “negocios” como los papás es más rápido, más limpio y que todos quedamos felices y que los pañales son “apestosos”, que con ellos transpiran, que son “fomes” porque no tienen diseños entretenidos como la ropa interior y que los niños “bacanes” usan ropa interior.

2. “Casarse” con sólo un método para ir al baño: Elegir la “pelela” correcta y no abandonarla o comprar el adaptador para la taza, una de dos, porque a los niños no les gusta la variedad, como habrán notado muchos padres, nuestros pequeños son unos obsesivos que les gusta repetir y repetir las cosas hasta transformarlas en rutina, pues bien, el ir al baño debe llegar a ser una más.

3. Enseñar con el ejemplo: Acá es complicado porque al menos en mi caso no ha funcionado, por más que el papá y yo vamos al baño con audiencia, resulta que la audiencia luego no se muestra muy interesada en practicar el ejemplo, pero a otros padres les ha resultado así que por eso, intentarlo vale la pena.

4. Sentarlos al revés: Así es, nada en cuanto a enseñar a dejar los pañales está escrito en piedra y si un niño tiene miedo a que se vaya a caer en la taza o quiere ver qué diablos es lo que hace, lo mejor es sentarlos al revés.

5. Comprometerlos a todos: En la casa, el jardín, cuando va donde los abuelos y en todo momento porque si ya comenzamos con la tarea, hay que cumplirla y no existen los días libres, es constancia, esfuerzo y sacrificio para todos pero la recompensa llegará pronto con ese primer aviso de “quiero pipi mamá”.

6. Elegir el premio y mantener el refuerzo positivo: Cuando partimos con el proceso, optamos por regalar un sticker por cada ida a la pelela exitosa a hacer pipi y además compramos unos stickers de lujo (unos cocodrilos plateados) para cuando avisara que quería hacer caca. En un mes, en cada rincón de mi casa si alguien viene, podrá ver un sticker pegado, eso está asegurado.

7. Cuando no está listo, no está listo y está bien que así sea: No porque el compañero, el vecino o el amiguito ya esté listo, significa que nuestro hijo también lo estará, el aprender a ir al baño es un proceso que está relacionado con los aprendizajes y con un tema de madurez entonces no hay que forzar a nuestros hijos a que sean iguales a todos, porque son únicos. Y finalmente recuerda, no llegará a la universidad en pañales, no señor.