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Lo que hoy sé de amamantar

El día que me pasaron a mi hijo Julián al llegar a la pieza luego de la cesárea, la enfermera que lo cargaba inmediatamente después de acomodarlo en mis brazos, sin siquiera decir “permiso” me corrió el camisón de la clínica hacia un lado y sacó una de mis pechugas para, acto seguido, le abrió la boca a una dormida guagua para que se “acoplara” y mientras hacía todos estos acomodos me hablaba y hablaba sobre posiciones, tiempos, dolores varios y todo lo que pasaría en las primeras 24, 48, 72, 120 y mil horas que siguieran al inicio de la lactancia. En resumen, demasiada información para una novata y anestesiada nueva madre.

Ahora, con el segundo hijo, la cosa fue “mamita, usted ya sabe”, pero resulta que no pues, mamita no sabía tanto de lactancia como se suponía porque a pesar de tener una práctica previa, este proceso es ahora totalmente diferente al anterior y hoy, con dos lactancias a cuestas, sé algunas cosas que me hubiese gustado saber antes, mucho antes del día en que nació mi primer hijo.

1- La lactancia de “natural” no tiene nada. No señor, dar pechuga duele al principio, es agotador porque primero no sabes cómo, porque después de que ya sabes estás todo el día en ello y hay veces en que te supera, porque hay que tener técnica y eso no se consigue de un día para otro y porque frente a todo, si la raza humana ha sobrevivido todos estos siglos no es porque es natural que así sea, es porque nos dieron a las mujeres la responsabilidad de perpetuar la especie y menos mal porque pucha que se necesita ser un poco obsesiva y perseverante para que resulte!

2-Tus pechugas se transforman en el centro de la atención. Y no porque tengas un escote increíble, no, es fascinante ver cómo todo ahora gira en torno a ellas, en cuánto produces, en que estás todo el día en topless, en que hasta el conserje te pregunta si estás dando o no pechuga y como bonus, te dan consejos, los que en un 99% de las veces no los pediste.

3-La lactancia implica sordera selectiva. “Que no tienes suficiente leche”, que tu leche es “mala”, que con “un mes es suficiente” y así un largo, laaargo set de opiniones he escuchado, y cuesta, pucha que cuesta no hacerles caso.

4- La lactancia implica tener confianza y seguridad en que resultará, y si no resulta, bueno, no resulta no más. Esto yo lo aprendí de mi primera experiencia, que costó tanto y que cuando tuve que complementar con relleno a partir del tercer mes, me sentí una fracasada y que más o menos era la peor madre, pero con todo en contra seguí hasta casi los seis meses, entendiendo que aunque ya no fuera exclusiva la lactancia materna, seguía estando presente y eso era todo lo que importaba.

5- Dar pecho es una elección y no hay que juzgar a otras por no hacerlo: No me he metido nunca en ningún grupo en redes sociales sobre lactancia materna, no comparto mucho esta guerra de andar juzgando o andar proclamando a quien escuche que dar pecho es lo mejor y el relleno es lo peor. Cada mamá tiene sus razones y mi razón es porque creo firmemente en que si tengo leche, entonces doy porque por algo está, pero no creo en que tenga que ser exclusivo y si tengo que salir y mi hija tiene que tomar un relleno no me hago problemas, lo que me lleva al quinto punto, sacarse leche.

5-Sacarse leche es una tortura medieval. Sí, lo siento, pero no puedo hablar bien de este proceso, lo odié y lo sigo odiando, si me tengo que sacar leche sufro y nunca sale lo suficiente, por lo que admiro a las mamás que sí lo hacen y logran armar un banco de leche congelado.

6-Las pechugas, ante todo, siguen siendo tuyas. Con mi primera guagua nunca amamanté en público y con la segunda lo he hecho un par de veces pero muy tapada. Nunca, nunca andaré pechuga al aire porque aunque sea lo “más hermoso” del mundo, las pechugas siguen siendo mías y yo decido cuándo y cómo las muestro, y ah! eso no significa que iré a amamantar a un baño porque eso es indigno. Por lo mismo me organizo no más con las tomas.

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