A veces me he encontrado en la noche, luz apagada, revisando en mi teléfono cuanto blog, sitio o libro online pueda revisar sobre “cómo educar a tu hijo”, “cómo ejercer disciplina”, “cómo esto, cómo lo otro” y a menudo cuando saltan temas como la “crianza positiva o la crianza con respeto” o “no hagas jamás esto, jamás lo otro”, me quedo pensando, “¿entonces cómo diablos lo hago? si esto esta mal, esto peor o así no se hace” y luego me acuerdo de lo que hacen otras mamás que conozco con sus técnicas de disciplina o pienso en mi propia crianza y en lo mucho que se parece a mi mi hijo mayor de 3 años y lo único que saco en limpio al final de todo este enredo es “¡QUÉ DIFÍCIL ES ESTO POR DIOS!”.

Sin embargo, uno de los artículos que creo más me hizo sentido al leer era uno que hablaba acerca de los errores que en el día a día muchas mamás cometemos criando a nuestros hijos. Al lado del error estaba la solución, que en simples palabras acá les comento:

1. No ser autoridad, ser autoritaria. Yo no quiero que mi hijo me vea como “la mala” pero tampoco quiero que me vea como una amiga, quiero que me vea como mamá y es en esta ambivalencia de tratar de criar más cercano a cómo fuimos criados nosotras es que muchas veces caemos en errores, por eso, el balance acá es ser mamá educando siempre y aunque canse, educar y educar todo el día, no hay otra opción, pero con autoridad de madre y no autoritarismo, es decir, en vez de “porque soy tu madre y te lo ordeno”, decir “porque hay que ordenar los juguetes para que después puedas encontrarlos todos y nunca perder uno”, por ejemplo.

2. No ser constante en la disciplina. Ok, aquí está mi gran error, un ejemplo: a mi hijo le he dicho que no puede abrir la llave del lavamanos para jugar con sus juguetes pero luego, al otro día, estoy yo invitándolo a jugar con agua. Error. si no se puede jugar con agua en el lavamanos no se puede no más, es la regla. Punto. Lo mismo aplicar a todo y tratar de que no sean tantas reglas de “esto no se hace”, porque finalmente a una se le olvidan y luego estamos todos lavando los juguetes en el lavamanos.

3. No educarlo en su individualidad. Pensar que si a “juanito x” (niño que tú elijas) le funciona, entonces a ti con tu hijo te va a funcionar. Todos los niños son diferentes y entre ensayo y error vamos aprendiendo que hay cosas que funcionan y cosas que no. En mi caso, cuando he tratado de ejercer disciplina a base de castigo “si no haces esto, entonces no hay esto otro”, no me ha funcionado. Sí me ha resultado el refuerzo positivo y la recompensa, y con este último método es con el que más nos estamos quedando últimamente, a pesar de que existan críticas al respecto pero al final del día, como papás tratamos de hacerlo lo mejor posible para no caer en gritos o peleas.

4. Confundir castigo con recompensa. Esto en relación al punto anterior, decirles “si tu no te comes la comida no hay helado”, no es lo mismo que decirles “qué rico está ese helado esperándote en el freezer para cuando termines tu comida”. Recursos retóricos simples con una gran efectividad hacen la diferencia.

5. No hablar en el tono, no bajarse a su campo visual. Yo hablo fuerte, tengo un tono de voz grave y por lo mismo, cuando hablo no soy un dulce pajarito trinando y he tenido que trabajar en esto último porque muchas veces cuando me enojo o trato de ejercer disciplina pareciera que estuviera gritando al cielo, por eso he aprendido a contar hasta mil y antes de gritar tratar de bajar el tono y por sobre todo, agacharme a conversar con él y no hablarle a las paredes.