De que el teléfono es nuestro mejor amigo, lo es, de eso no hay duda. Nos acompaña en todo momento, desde que nos enteramos de que hay una vida gestándose dentro nuestro, durante el embarazo, parto y así, en cada momento de nuestra maternidad.

La tecnología interactiva que nos proporciona el teléfono, está muy bien pensada y diseñada para crear en las personas un hábito, el que a menudo nos absorbe”, señala la doctora Jenny Radesky, especialista en pediatría y en desarrollo del comportamiento y aunque existan muchas otras distracciones no tecnológicas, sin duda el teléfono es la que más nos distrae, esto porque nos conecta, nos entretiene y hasta moldea nuestras relaciones con el entorno, entonces es muy atrayente quedarnos un poco atrapadas en ella y con eso, interferir en ámbitos de la crianza y la maternidad que no debieran verse afectados.

No obstante, no todo es tan terrible, así es, según indica la doctora Radesky, quien es parte de la Academia Americana de Pediatría, el usar el teléfono también ayuda, y mucho, ya que nos ayudan a desestresarnos y a veces incluso a poder sobrellevar un día difícil siendo padres. “El teléfono es una tremenda fuente de humor y de relajo, además de conectarnos con otras áreas de nuestra vida que nos ayudan a enfocarnos, la tecnología es una herramienta, la clave está en saber cómo usarla”, aclara la profesional.

¿Y por qué la culpa entonces?

Sobre la maldita culpa, la especialista es clara en su mensaje a nosotros los papás: “La culpa en torno al uso de las pantallas por parte de los padres es solo otra manera de hacernos sentir profundamente avergonzados de que no estamos siendo los padres que debiéramos ser, porque no es solo estar sumidos en el teléfono, es estar metidos en el teléfono porque nuestros hijos nos aburren, y eso es lo que nos hace sentir pésimo”.

Si el mundo fuera perfecto, tendríamos todo el tiempo del mundo para criar, para ser amiga, esposa, trabajadora, ser social, etc. Pero dado que no es así y tiempo es lo que menos se tiene para poder ejercer estos y miles de otros roles más, pareciera ser que el teléfono entonces es lo que nos conecta con el mundo, y vaya que lo es, para mi por ejemplo el uso del teléfono es esencial en mi vida, el tema es que a veces se me escapa de control su uso y sobre eso es que me doy cuenta de que estoy comenzando a distraerme demasiado con él y es ahí donde debo prender las alarmas.

Usar el teléfono no nos hace distraídas, es cómo lo usemos.

Por eso, lo que se recomienda es usar el teléfono, porque ayuda, no sentirse mal por hacerlo, pero de la misma manera en que enseñamos o enseñaremos a nuestros hijos a utilizar la tecnología hay que aplicar esto para una misma. Lo que nos hace ser distraídas es cuando dejamos de lado acciones importantes por estar en él, no es el acto de usarlo en sí. Por eso, si vamos a una plaza, mientras nuestros hijos estén seguros, podemos verlo, pero acá, surge otra pregunta, ¿no sería mejor intentar conversar con los otros papás de la plaza? Mal que mal es interacción lo que necesitamos con otros adultos, y en la plaza está la posibilidad física de poder hacer nuevas amistades.

Y sí, la distracción se puede compensar, pero hay que realmente preocuparse de compensarlo, por eso, si usamos el teléfono tratemos de que no sea en momentos donde los niños más interacción necesitan, lo mejor es ocuparlo cuando ellos estén por ejemplo, jugando tranquilamente, no cuando están sentados en un restaurant, por ejemplo.

Y por último, se puede disfrutar del teléfono, obvio, pero también hay que dar el ejemplo. Porque no tendrá ningún sentido decirle a nuestro hijo “no puedes usar el teléfono o pasarte pegado a él si resulta que yo estoy todo el santo día metida también”.